miércoles, 18 de mayo de 2011

Síntesis prospectiva 1

Ontología fundamental

CUESTIÓN BÁSICA:  ¿Qué sentido tiene «ser»?
1.  Sentido
a.   Significado –cuestión de semántica (diccionarios, usos…)
b.    (Es) sentido (participio pasivo ¬ padecer, soportar, sobrellevar) (i) por los sentidos, (ii) sentido como sentimiento. En ambos casos: entrada en contacto, acceso.
2.  ¿Qué?: cuál, cómo, dónde, de dónde, para qué, por qué… quién…
3.  «Ser»: el ser de los seres; la cópula; la existencia (que); todo el ser ~ todo lo que es; x es… una casa / alta / mucho / mayor / está retrasado…

HISTORIA (OCCIDENTAL) DE LA ONTOLOGÍA
·         Griegos:  Physis, naturaleza, lo básico primero y en ese sentido último y siempre operante (elementos como archai: fuego, agua, tierra, aire, átomo, proto-tipo (idea)…)
·         Aristóteles:
o   «Ser» se dice de diversas formas, en varios sentidos, de acuerdo con diferentes respectos (kath’… ® categorías).
o   El significado más propio es ousía, en el sentido de hypo-keímenon, lo puesto debajo de o sub-yacente a las cualidades, las relaciones, etc.
·         Escolástica: 
o   «Ser» se dice analógicamente en varios sentidos.
o   El principal es sub-stantia, lo que está debajo, el substrato de lo aparente, lo esencial.
o   «Debajo», «substrato» como fundamento o causa, raíz o medida (ratio)
§  En última instancia, Dios, sustancia primera, eterna (a-eternitas, sin tiempo, in-finita)
§  Entonces, por negación de la negación: ens creatum
·         Descartes:  vuelco al ser humano, interpretado como yo-conciencia sustancial o sujeto (sub-jectum, hypo-keímenon)
·         Kant: 
o   Crítica: condiciones de posibilidad del conocimiento: finitud del sujeto
§  Doctrina del esquematismo / formas del entendimiento
o   «Ser» no es un predicado real, que nombre algo, un objeto (ente) de los que componen o se compone la realidad.

SER Y TIEMPO
·         La finitud del ser humano es clave ineludible del cuestionar y de la cuestión, conservada como cuestionamiento —es decir, atendiendo y respetando
o   la plurivocidad de «ser», incluso más allá —o más acá— de las categorías fijadas por la tradición); y
o   la diferencia ontológica: ser/ente, ser del ente o de los seres.
·         Condiciones para estudiar el ser que comprende «ser»:
o   Desde su propio ser (existir, existencia)
o   No existentia en el sentido tradicional de disponibilidad («¡las existencias se agotan!») y, en última instancia, presencia (ahí delante, Dasein)
o   Tampoco presuponiéndolo como sujeto sustancial
·         Fenomenología: sin más base que ser/estar-en-un-mundo
o   Atención cuidadosa al fenómeno completo del existir
o   Reinterpretación de la concepción vectorial-entitativa de la intencionalidad de la conciencia
·         Hermenéutica existencial: interpretación de/desde
o   un entorno (Um-gebung, «circun-dancia») o
o   con-texto de sentido y significación

miércoles, 11 de mayo de 2011

Mundaniedad

Me interesa la nocion de mundaniedad en relacion a la obra de arte para mi ensayo final. A continuacion una breve interpretacion de la mundaniedad en Ser y Tiempo:

Interpretacion de la mundaniedad según Heidegger:

Corríjanme se me equivoco. La búsqueda del sentido de mundo es la búsqueda de los criterios de posibilidad (asi es como entiendo la palabra trascendental) del mundo en cotidianidad, osea una estructura existencial, un Ser del mundo. Dicha búsqueda no daría fruto alguno si partiéramos desde el mundo ontico, un punto de partida metafísico: como conjunto de entes, incluso en su totalidad, como Naturaleza. Por que? Porque las cosas no se nos dan primordialmente como entes. Fenomenicamente, en sentido pre-ontologico, existentiell, el humano y el mundo están fundidos en un mundo no diferenciado, ambiente, cotidianidad. Como buen fenomenólogo, le parece el autor esta cotidianidad un punto de partida legitimo para el entendimiento de la mundaniedad del mundo (de su concepto ontológico existencial).

Ahora bien, en ambiente, en cotidianidad, nos encontramos bien metidos en nuestras actividades y preocupaciones. Desde ahí, desde nuestra actitud hacia el mundo, como se presentan los entes? Principalmente, según Heidegger, como herramientas, mejor dicho, como equipo, cuya “equipedad” (utilitarieadad?) no es más que “algo para lograr…”. En otras palabras, en la cotidianidad andamos preocupados y ocupados de tal manera que los entes, dígase el famoso martillo, no aparecen como martillos sino como “eso para lograr martillar” (se me viene a la mente momentos de afasia en el colegio en que en la urgencia de la situación de terminar una tarea de artes plásticas, antes del primer periodo, le gritaba a algún compañera que me pasara “el chunche para trazar curvas”). Importante reconocer entonces que el martillo no aparece flotando independiente como ente, sino se nos muestra en cotidianidad dentro de una referencialidad y utilidad (el martillo es eso para lograr martillar un clavo en una tabla de madera, probablemente en una carpintería, etc.)

Asi Heidegger encuentra la categoría ontológica de los entes (en cotidianidad como herramientas): “readiness-at-hand”, o en una traducción tentativa: listo-para-su-uso. Por su parte, Dasein ante este readiness-at-hand se comporta cirumspeccionando con cuidado (perdón por la malísima traducción). Todo esto por supuesto lleva a consideracione de trabajo durante el cual “eso para lograr martilla” incluye “un clavo” (el “que” de la cuestión) exponiendo mas claramente el sentido de ambiente, complejo en toda la referencialidad del martillo en su uso.

Pero para encontrar la estructura ontológica de ese readiness-at-hand, Heidegger introduce el present-at-hand en un momento en que por ejemplo el martillo se quiebra, o hace falta, como que su utilidad sale a reducir a causa precisamente de la interrupción de nuestra actividad. Lo que importa aquí es que en ese breve momento en que se muestra como present-at-hand lo que revela es la estructura de readiness-at-hand como referencialidad y utilidad, la totalidad referencial. En otras palabra, cuando el martillo se quiebra y ya no puede ser utilizado, obviamente ya no se muestra como “eso para…” inmediatamente, sino que se percibe en la misma imposibilidad de utilizarlo su mera utilidad, su referencia como equipo de construcción, en otras palabra, mundaniedad.

Una herramiento dada como ready-at-hand apuntada por el breve present-at-hand a su categoría existencial de referencialidad debe entenderse como su participación en esa referencialidad. La estructura existencial de readiness-at-hand es participación activa, que en el fondo es el sentido de referencialidad. Importante, sin embargo observar que la totalidad referencial, martillo-martillar-un clavo-para construir repisa-para poner un libro-para que se nos facilite el acceso, siempre regresa a Dasein, osea que la totalidad referencial, la mundaniedad, para basándose en Dasein. Dasein esta en el mundo, pero también, Dasein es la base del mundo en su mundniedad, como totalidad referencial.

Conideraciones en relación a la obra de arte

En todo este esquema me llaman la atención la función del martillo roto, y la función del signo en oposición al sistema referencial que es al final mundaniedad. Ambos, uno por un tipo de revelación y otro por indicación sistemática muestran o ponen de manifiesto a la totalidad referencial en donde el ente como herramienta funciona. El signo de no fumar por ejemplo, señala y haciéndolo actua como herramienta, pero también al señalar pone de manifiesto la totalidad referencial de una universidad que incluye normas de conducta, como no fumar. Sospecho que el objeto artístico, como el martillo quebrado y el signo de no fumar, tiene para Heidegger una función similar de poner en manifiesto categorías existenciales, pero a niveles más básicos, estructuras ontológicas básicas de Ser. Basta mencionar que hay muchas obras de arte cuyo principal característica formal es simbólica y esfuerzos artísticos por desarticular la utilidad del ente como en el caso del famoso inodoro de Duchamp. En cualquier caso está claro que la obra de arte se presenta como desbaratador de cotidianidad, sea ese su objetivo principal o no. Talves a eso se refiere la muy utilizada formulacion: “el valor del arte proviene de su inutilidad”.

-frodo

PD: perdon por lo desabrido del post, pero me he propuesto estudiar sistematicamente la parte sobre mundo del libro, y quiero que sufran conmigo, ja!

jueves, 28 de abril de 2011

HABLADURÍA O ESCRIBIDURÍA

La busqueda de Heidegger va al encuentro de un “genuino comprender”. El genuino comprender no se encuentra en las habladurías o escribidurías. La diferencia básicamente radica en que:

Las habladurías: a) Cierran y encubren los entes intramundanos, b) Descartan y retardan las preguntas de un modo peculiar (por cuanto asumen haberlo comprendido todo); c) Es un modo existencial de desarraigo que no es un estado ante los ojos. Y nos dice Heidegger que “constituyen la forma de ser del comprender e interpretar del ser-ahí cotidiano”. En las habladurías el “uno” traza por adelantado el encontrarse determina lo que se ve y como se ve.

No se mientan las habladurías en sentido despectivo, de acuerdo con Heidegger, porque además constituyen la más cotidiana y obstinada realidad del existente. Sin embargo lo genuino se entiende tomando en cuenta su negación. Y lo no genuino en donde flota el existente de las habladurías y escribidurías no es precisamente el idilio filosófico y aquí puede dudarse de si no se aborda en sentido despectivo. No es despectivo si se toma en cuenta que es un modo de ser del dasein cotidiano y que nunca logra por entero desprenderse de la habladuría.

Allende lo anterior, me llamó poderosamente la atención, el tratamiento del lenguaje, porque indica que alberga en si un estado de interpretada de la comprensión del ser ahí que distribuye las posibilidades del comprender del término medio y del correspondiente encontrarse. En la habladuría el lenguaje es el que piensa. Y en este habita una comprensión del ser ahí, que tiene que ver con su existencialidad. Es necesario pensar el lenguaje, para que el habla no sea habladuría y para que la comunicación tenga un sobre que del habla para que comunique la primaria relación del “ser relativamente al ente de que se habla”. El uno habita ya en el lenguaje. Esto constituye una mordaz crítica al lenguaje y a la comunicación. Se habla sin referente. Sin previa apropiación de la cosa.

Y que difícil además para las ciencias sociales, para la historiografía, para la sociología, para la psicología, para la psiquiatría, en las que no hay ente ante los ojos enteramente. Pero en general, el ente ante los ojos está medio oculto, y la visión está obnubilada por lo que la habladuría siempre habita. ¿Y no se hace la religión habladuría pura con la fuerte frase de “las habladurías son la posibilidad de comprenderlo todo sin previa apropiación de la cosa”? Para que no fuesen, tendría que deshacerse la pretensión de comprenderlo todo en principio. Y luego, el ENTE tendría que estar en alguna medida ante los ojos. Pero esto es imposible.

Pero por otra parte, lo que finalmente buscamos es como se decía al principio, el genuino comprender; teniendo sumo cuidado en el lenguaje y en el habla. Esto para que el habla abra y no cierre, para que permita mantener patente el “ser en el mundo” en una comprensión articulada.

El habla parece una existencia propia de científico extravagante, para nada viable que quizás se suaviza si se toma en cuenta que el genuino comprender es el genuino comprender de algo, pero en ese algo hay otra cosa que queda oculta o que se oculta por la habladuría o pre-comprensión dentro del lenguaje.

Christian

viernes, 8 de abril de 2011

REFLEXIONES SOBRE HEIDEGGER

Pensaba, a propósito de las dicotomías que Heidegger convierte en vetustas, como la relación usual entre sujeto y objeto, o la que comentábamos en la última clase de razón y sentimiento, que esto constituye una cuestión de la que asombrarse. Brilla en sus análisis una maestría en el análisis fenomenológico. Me llama la atención esa recuperación de la cotidianidad que constituye la pre-comprensión del ser. Bien dice que cuando preguntamos, algo sabemos de lo que preguntamos, tenemos una comprensión, quizás sin reflexión, que es el punto de partida para penetrar de lo óntico a lo ontológico. No se trata de que para comprender debo alejarme del ente; contemplarlo y meditar día y noche sobre su ser, sino más bien, hacer que no solo lo óntico, sino lo ontológico esté cercano. Esto sería una conciencia de lo cercano, que no sea solo cósica.

Respecto a los modos frente a la indiferencia: Esta parte prima face me suena demasiado clásica. Como si recurriera al fetichismo de toda la filosofía: la iluminación. El mundo verdadero, que en este caso es accesible a los filósofos, a los fenomenólogos. Aunque es fascinante la unidad de la comprensión (inteligente-sentiente). Pero ¿no es notorio el acendrado cerebralismo en la filosofía de Heidegger? Claro que se trata de formular las cosas como son, y ese es el descubrimiento. Pero ¿realmente es tan evidente? En las separaciones, en la elaboración de categorías, por ejemplo espíritu-alma-cuerpo no se entiende necesariamente que estemos así escindidos sino más bien los distintos modos en los que somos, porque la borrosidad de las categorías, por su asidero suficiente, nos guía solamente a la incomprensión. ¿Es tan evidente que el sentimiento es inteligente y que la inteligencia es sentiente? ¿No hay momentos en los que “algo” dice que hay que hacer de una forma y “algo más” que hay que hacer de otra? Pero aparte de eso, que lo propio e impropio sean modos frente a la indiferencia quiere decir que lo indiferente es el modo de ser “normal” y que siempre se está en el juego de lo propio e impropio, es decir que entre la propiedad hay impropiedades y entre las impropiedades cierta propiedad. Creo adicionalmente que el saber filosófico localiza bien el problema del “UNO” como lo hace Heidegger también. Pero no estoy por otra parte seguro de que provea una solución, pues también dicho saber tiene legalismos e ilegalismos arbitrarios; inclusive, lo “UNO” a veces es lo “UNO nada más por la cerrazón del lenguaje y las categorías filosóficas.

He pensado además si no se acentúa demasiado nuestro carácter gregario en la filosofía de Heidegger. Claro que somos-en-el-mundo, que somos con los otros, y que somos “sujetos”, pero lo gregario es insuficiente para el Da-sein. A veces lo gregario es la condena. O es la condena y la posibilidad.

Y finalmente me interpelaba la posibilidad de esa relación con la naturaleza que no es la relación del existente con un ser-a-la-mano. En la que no es mundo.

Christian

miércoles, 16 de marzo de 2011

Comentario al comentario de Amilcar. ¿Angustia, ser, nada: estados emotivos? ¿"lamentablemente" significar? En ST, ¿hablamos de articulación de la estructura del ser hmano, estados emotivos, entendimiento, lingüistíca? Comentario 2/5

Me explico: mi redacción sin duda puede llamar al equivoco, señalaba solamente como estado emotivo sin objeto a la angustia (anticipación ante el peligro, pulsión de auto conservación del Yo, etc.) que "experimentamos", también como el ser y la nada... ¿Cómo experimentamos el ser y la nada?... la angustia nos permite esa apertura (quizá en cuanto posibilidad de ser, como ser, y en cuanto imposibilidad de ser, como nada; si lo circunscribimos al tema nietzscheniano del poder)... Pero, ¿cómo lo experimentamos?, ¿cómo tomamos consciencia de ello?...  La experiencia "lamentablemente" la debemos expresar, es decir, significar... se vuelve palabra, concepto, lenguaje...  Sin duda "el lenguaje es la casa del ser", pero la crítica posterior a Heidegger nos ha planteado que hay una abismal diferencia entre lo dicho y el decir, desde Lévinas, pasando por Ricoeur, Gadamer y llegando a Vattimo... unos se quedaran del lado de lo dicho para decir: la hermenéutica... otros, del decir, en cuanto decir: la ética, la relación cara a cara.
De este ultimo lado, del de Lévinas se puede decir, "lamentable" la significación, que cosifica, totaliza y genera violencia... si queremos radicalizar un poco la postura, diríamos que "el hablar es la casa del ser"... que la relación intersubjetiva está por encima  del análisis hermenéutico de un texto o un discurso o una obra (o por debajo... siempre y cuando, esta posición no enmascare relaciones de dominación y violencia).  En el análisis sobre la obra de arte, Lévinas pondrá el ejemplo, comparando el decir y lo dicho, con la creatividad y lo creado, es decir, con la santidad y la idolatría... toda cosificación, toda obra, toda conceptualización, es finitud y solo funciona (sirve, en sentido utilitario) si nos hace accesible la infinitud, la alteridad y la trascendencia.  Y esto solo lo posibilita el otro.  Solo el rostro del otro, en la relación cara a cara permitirá esto.
Ricoeur, secundará con significativas modificaciones y diferencias esta postura... no hay más juicio ético, que el juicio moral en situación... lo concreto, lo particular, lo específico, dentro de un contexto cultural e histórico... lo ético se concretiza en lo moral situado...  La ley universal (de la ciencia y de la técnica; de la política y de la economía; incluso del paradigma de conocimiento), es decir, lo dicho; solo se entiende (se interpreta) en la aplicación particular, es decir, en el decir.
Aquí puedo señalar tres rasgos de diferencia de la fenomenología con el psicoanálisis: (1) la fenomenología se mueve en el ámbito de tomar conciencia de las cosas que ahí están, busca el sentido de lo vivido en forma fáctica; mientras que el psicoanálisis busca otro texto en el texto de la conciencia; (2) la fenomenología plantea un ejercicio de libertad, porque pone entre paréntesis los posibles condicionamientos; mientras que el psicoanálisis de esclavitud al subrayar la coacción que generan los condicionamientos que presupone; y, (3) la fenomenología (quizá especialmente la elaborada en la crítica a Heidegger) no puede reducir la relación intersubjetiva a una técnica analítica, el psicoanálisis en cambio sí.
Por último, en la experiencia del insomnio, se descubre el ruido del silencio, lo que hay, cuando nada hay... el horror de la noche, nos permite experimentar el horror de ser... el "Il y a", levinasiano, nos coloca más allá de la pregunta heideggeriana del "¿por qué es el ser y no más bien la nada?"... entonces ¿el ser y la nada solo son accesibles también como estados emotivos?... en la angustia ante la posibilidad de la imposibilidad (Heidegger) o ante el horror de ser (Lévinas)...
Esto nos conduce a tu última observación, que quisiera abordar en otro comentario: estados emotivos y comprensión (entendimiento) se articulan en la estructura fundamental del ser humano, que luego se expresa lingüísticamente... parece ser que así es, seguimos siendo inteligencias sentientes... el problema es que seguimos encerrados en el sí mismo, en el "cuasi" (perdón el sarcasmo) omnipresente y omnipotente yo... seguimos en el solipsismo, en el encierro que imposibilita la trascendencia, la alteridad... quizá incluso la ética...

lunes, 14 de marzo de 2011

El ser

Gustavo Yela
¿Porqué el ser y no la nada?    Hace rato que en Guatemala percibimos, captamos (tenemos la sensación) del no ser –del no bien-  del no sentido; como que la nada campeara, como que el no-ser, el no-sentido quisiera seguir no siendo permanentemente y eso porque los no-partidos políticos, el no-sistema económico, la no-moral del poder económico y la no-participación del no-pueblo nos propusiéramos fabricar ausencia de ser y de sentido, de justicia y de paz; como que a la manera que lo dice San Agustín, existiera una causa deficiente en lugar de una causa eficiente y entonces nuestra no-vida hace buen rato que se devana en  la nada.  Y como que la nada al nadear permanentemente hubiera tomado carta de nacionalización, sin embargo como es nada no obra eficientemente sino que de- construye, desanima, destruye, debilita, desdimensiona, desmarca, sirve de nada.
Si echamos un vistazo a los diferentes campos, por ejemplo, al de la educación, la nada desistematiza lo nunca sistemático, se desaprende permanentemente, se desdibuja un posible sentido del que-hacer educativo y el no ser del no-conocimiento como que campeara irónicamente en una sociedad que tanto necesita de reflexión y de conocimiento.
Y no digamos el no ser del no-desarrollo humano como que hubiera encontrado el ámbito y las condiciones apropiadas para no-ser, para no desarrollar; como que percibiéramos el misterioso caos de la nada y como que los guatemaltecos en medio del no-desarrollo nos hubiéramos acostumbrado a ese no-ser, a esa no-realidad amorfa y desintegrante que propicia la no-vida.  
Así que los guatemaltecos cuando se nos habla de la nada, ya estamos familiarizados con el nadear de la nada, con el sin sentido existencial, con el sin identidad nacional, con  la no-paz, la no-justicia y el no-equilibrio económico del no ser social y por si fuera poco hasta el no ser futbolísticamente contribuye a querer no ser guatemaltecos.
De tal manera que la pregunta en nuestro medio se invertiría: ¿porqué la nada y no el ser?.
Si el ser apenas es,  si el ser tiene tan poca oportunidad de ser.  ¿porqué el ser ha perdido su lugar?   Y cuando se dan algunos alcances, logros y alegrías, luego se desvanecen con el no ser de la violencia, con el no ser de la corrupción y el no ser, en  medio de la inconsistencia y del dramatismo.
A tal extremo que hasta podríamos burlar las categorías ontológico-epistemológicas y sin temor a fallar podríamos afirmar que el no-ser ya es, en nuestra región; que estamos tan habituados al no ser que ya lo categorizamos, que ya el no ser nos es familiar y que hasta necesitamos de ser no-ser, en esta sociedad que la hemos hecho hija del no ser.
De tal manera que podríamos decir dramáticamente que el no ser campea sarcásticamente sobre lo que aún queda de ser.
Entonces, así  las cosas, el no ser ya es; el no ser de la actitud mental, el no ser de la voluntad, el no ser de la democracia, el no ser de la desconfianza en  nosotros mismos y en los demás, especialmente de los que han promovido el no ser; por ejemplo el no ser de una Iglesia desdibujada de cristianismo, el no ser de los políticos sin bien común, el no ser de los empresarios egoístas e insensibles y el no ser de la población maltratada y escéptica.
Sin embargo y con toda esta panorámica desoladora: ¡el ser ahí está! permanece, tal vez la sensación del no ser nos inunda, nos angustia, nos desequilibra y hasta nos hace pensar que el no-ser es.  Posiblemente esa sensación frustrante del no ser nos desilusione y nos haga decaer.  Pero caemos en la cuenta de que el no-ser lo sufrimos y lo percibimos porque precisamente existe el ser.   Y el ser humano tiende y busca al ser, más que al no ser.  y muchas veces motivados por la experiencia del no ser buscamos con mayor esfuerzo al ser.  Y esa podría ser nuestra oportunidad; que cansados del no-ser, hartos del no-ser, buscáramos al ser. Y lo interesante sería que esa debilidad, esa carencia del no ser se convirtiera en el impulso y en la mística para aspirar al ser.  Y en esa búsqueda del ser posiblemente nos vamos percatando realmente de que el no ser no es y que  a veces nos dejamos invadir de esas categorías de no ser; pero en realidad lo único que realmente es, es el ser y que ese ser conlleva lo grande y lo pequeño, lo bello y lo feo, la justicia y la injusticia, el amor y el odio, la riqueza y la pobreza y que todas son facetas del ser y que el ser está ahí, rodeándonos, abarcándonos, envolviéndonos y dándonos la oportunidad para que le descubramos y para que el sentido vuelva a tener sentido.
Y entonces el ser sigue teniendo vigencia, sigue siendo lo que siempre ha sido: el ser.  Y nos percatamos de que el no-ser es no-ser pero porque hay y existe el ser.
Por lo tanto el ser de la justicia, del equilibrio económico, de la paz, del conocimiento, de la democracia son posibles, sólo basta que los descubramos y nos propongamos construirlos y que más bien la profunda experiencia del no-ser sea nuestra más grande motivación para permanecer en el ser; aunque de momento y de muchos momentos no aparezca ni parezca el ser.
Es importante que todos los signos de ser como la justicia, la paz, la solidaridad, etc. que esos signos aunque sean escasos o los percibamos poco, es importante que nos afiancemos a esos destellos de ser para ir haciendo el camino que hemos desandado.
Y realmente qué espectáculo sostiene el ser con todos los entes, qué diversidad, qué fascinante y apasionante el mundo de los entes y el ser que  les da la entidad de ser a esos entes.   Realmente vale la pena estar formando parte de esa constelación de seres y además, de ser los seres que interpretan, analizan y dan sentido al resto de los demás seres.   Cuanto valor, cuanto sentido, cuanta armonía, como una gran orquesta en donde cada uno emite las  ondas complementarias de unos para con otros, formando así el maravilloso espectáculo del ser.
Y es tan interesante el mundo de los entes que el  común de los mortales se entretiene toda su vida en determinado ente: el ente social, el ente psicológico, el ente natural, el ente religioso, etc. y consagra todas sus energías para estudiar su propio campo.   Sólo algunos seres extraños, llamados filósofos, como que estuvieran hechos de otro material, se detienen a pensar que no sólo existen los entes sino que también el ser y, es más, ese ser, es el que fundamenta a los entes.
Pues bien, si el ser es el fundamento de los entes y los entes son tan apasionantes; cómo entonces será la experiencia fundante y trascendental del encuentro con el ser y entonces, tienen razón los filósofos de dejarse impresionar por el ser; porque comprendiendo, experimentando o intuyendo el ser, la totalidad, se puede comprender y disfrutar también a cada ente, porque el ser fundante posibilita y apertura  la disposición  y actitud filosófica de comprender mejor cada uno de los entes, por pequeños que parezcan.
Y entonces, ahora sí, a la pregunta  ¿Por qué el ser y no la nada? ya podemos intuir la posible respuesta, incluso  ya lo mencionamos al decir que el ser es el fundamento de todo, de que el ser es el que le otorga consistencia ontológica a los entes; por tanto los entes necesitan del respaldo del ser para poder ser lo que son.   La entidad de los entes no posee autonomía sino que necesitan del ser para poder ser y porque ellos son, el ser es.
Y entonces podríamos preguntarnos ¿Por qué los entes? Y la respuesta obligada sería: porque ahí está el ser.
Si está el ser y están los entes no falta nada, la nada no hace falta porque la nada, nada es, por tanto es un conglomerado de seres, una fiesta de sentido, es una explosión de plenitud, porque cada ente goza de la entidad necesaria del ser para poder ser;s en conclusión, nosotros seres humanos, al detener nuestra mirada en el cosmos, podemos tener una sensación de serenidad porque el ser es.

jueves, 10 de marzo de 2011

Heidegger y su invitación al encuentro del ser: una lección de humildad

Fernando Jeréz

La abertura absoluta de la vida, siempre total, completa y compleja como un puro flujo de conciencia a-subjetiva, siempre irreductible por su misma totalidad es el mundo. Este mundo al que somos arrojados como creaturas indefensas para la vida; para poder vivir solos y subsistir por nosotros mismos, nos hace necesario inevitablemente siempre alguien más. Incluso para pesar ¿podríamos decir algo sin alguien más? ¿podríamos incluso pensar sin alguien más? Es indudablemente imposible… para todo necesitamos lenguaje y no seria nada el lenguaje sin alguien más con quién lo co-construyéramos.

Al igual que las estrellas en el cielo nuestro ser es siempre único. Es una palpitante luz que brilla e ilumina con poderosa intensidad  a millones de seres sensibles a su luz y que se comunican con ella emitiendo su propio destello de energía aun en el silencio y la obscuridad más absoluta.

Como luces que se encuentran dispersas en la inmensidad del cosmos formamos constelaciones con las estrellas con las que nos comunicamos. Nuestra luz y su luz se tocan formando figuras, sistemas de estrellas; luces, colores, formas, substancias distintas que se conjugan para formar algo distinto, algo nuevo y único formado únicamente por la magia que se produce en la conjunción de  seres absolutos.

Hay algunas estrellas que su naturaleza consiste en devorar a otras estrellas, tragarse su luz, consumirlas, devorarlas; descomponerlas. Estos “agujeros negros” a pesar de su inmenso poder son imperceptibles, no podemos verlos. No son. Solo sabemos de su existencia a partir del efecto visual que genera la curva de la luz que devora su poderosa energía. Como algo que se encorva sobre si mismo y desaparece, como una nada que se deja ver en su capacidad de afectar. ¿Cómo sabríamos de la luz, sino hubiera que iluminar? Solo sabemos que hay porque hay y no solo no hay, porque sino hubiera simplemente no hubiera cosa posible. Lo posible se da en lo que esta, en lo que es, en la infinita capacidad de conjunción de lo que se da.

¿Desaparecer sobre nosotros mismos o brillar con los otros, formar constelaciones? La luz es simplemente luz, el brillo es simplemente brillo. No es más que el efecto visual que se general con la energía que consume un algo en su existir, cuya energía brota de sí mismo; como una hermosa flor que florece de un simple y minúsculo botón verde. El tiempo en el que ese destello se mantenga, el tiempo en el que esa energía siga fluyendo hasta que inevitablemente se desvanezca y se haga uno con la inmensidad de la obscuridad absoluta de la nada carece de importancia. Lo importante es que brilla, que esa energía esta y fluye y hace algo.

¿Que importancia tiene esto? Una estrella no es mas que una estrella,  infinita e inalcanzable, a miles de millones de kilómetros de distancia unas de otras. No podemos captar la totalidad de una estrella, simplemente captamos su destello luz y por eso la definimos.

Cada ser es una estrella, que como tal, solo captamos un ápice de su inmensa complejidad: su luz, sentimos su calor, vemos las plantas crecer gracias a la energía que irradia, pero no se reduce ni se limita ya sea a su luz, a su calor o a su energía. Erróneamente hemos confundido la estrella con su luz o su energía.
Captamos algo de ellas, formamos conceptos, juicios, le damos rostros humanos, las formamos en constelaciones con nuestra creatividad y nuestra necesidad de hacer inteligible ese algo que nos invita a conocerle. Con el tiempo nos olvidamos de su ser, quedándonos con las abstracciones que hacemos de ellas, nos quedamos con el ente y olvidamos que detrás del ente esta la totalidad de la existencia, del ser como absoluto irreductible.

En nuestro caso, como seres humanos tendemos a la misma reducción cuando se refiere a las demás personas. Constantemente nos damos un rostro fijo, un punto anclado a una propiedad que consideramos la fundamental, olvidando nuestro ser. Se nos olvida que somos más que energía pura, que luz pura, que iluminación y luminosidad, somos incluso más que la suma de nuestras propiedades o de los efectos que nuestras propiedades generan sobre los otros seres.

¿Acaso no es la historia el imponerse del ser? ¿Del ser que se reivindica a si mismo sobre las reducciones que hacemos y que congelamos en las ideas, en los conceptos y en el tiempo?. La forma en la que la dignidad de la vida se reivindica siempre como absoluta irreductible y nos demuestra nuestra ilimitada capacidad para aprehenderla dándole a nuestra razón una profunda lección de humildad.

Siempre en la historia hay unos mas atentos que otros, que comprenden mas rápidamente que otros esa lección. Pero fácil es confundirse y reducir el sol a su calor, fácil es olvidarse que más allá del calor hay una estrella inmensamente compleja que desborda todo concepto y categoría
.
Todo manifestarse esconde un infinito, una magia que nos llama y nos pone a prueba y nos desafía constantemente. Como pescadores desesperados y hambrientos que metidos en un rio inmóviles con las manos sumergidas en el agua, esperando que la corriente haga que un pez caiga en nuestras manos y cuando este finalmente cae las cerramos con fuerza y cuando creemos que lo tenemos en ese preciso momento se nos escapa, de la misma forma el ser se nos escapa cuando lo eclipsamos con algo que es.

Si algo hemos de aprender del mundo, del sol, las estrellas o los peces del mar es que nunca habrá algo que capture su totalidad. No habría más historia, si llegara esto a suceder. No habría creatividad y si para algo sirve el sol, más que para darnos luz y calor es para que darnos cuenta que, de la misma forma, nuestra razón es tan pequeña con respecto a nosotros mismos, como lo es el minúsculo destello de luz que alcanzamos a ver de una estrella con respecto a la estrella misma.